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viernes, 7 de agosto de 2009

Pueblo de Dios: Carisma Paulino Nativo (2da. Parte)


La Hna. Daisy Torres, fsp nos habla sobre su vocación.

La respuesta que busqué por meses llegó cuando leí el evangelio de la liturgia de aquel día. “Les aseguro que no me buscan por los signos que vieron, sino porque comieron pan hasta saciarse. Esfuércense por conseguir no el alimento transitorio, sino el permanente…” (Jn 6, 26s). ¡Ah!, esta cita me abrió un ventanal de luz. Comprendí que era importantísimo dar comida a quien tiene hambre pero que esto no bastaba. Para ese «algo más» existen en el mundo y en la Iglesia personas e instituciones que ofrecen un servicio magisterial, es decir, de enseñanza. Entre ellos estamos nosotras. Fue entonces cuando me convencí y descubrí que la meta paulina era también para mí: Vivir en Cristo y comunicarlo apasionadamente, como Pablo, a todos los hombres y mujeres de hoy. Llegar a ellos por todos los medios comunicativos posibles.

Luego, estudiando la vida de Pablo me di cuenta de la importancia de conectar los dones naturales con la gracia. ¿Acaso son contradictorios? No. Esta realidad la he ido meditando al compás de los escritos paulinos. Algunas de las citas bíblicas que más han llamado mi atención son: Hch 17, 16- 33, Ef 3, 14-21, Ga 2, 20-21.

El amor de Jesucristo Resucitado ha hecho de él una nueva persona pero sin anular su bagaje intelectual, su formación rabínica. Y, por otro lado, Jesús es el amor que lo invade y desborda todo. No son ya las seguridades de su fariseísmo intachable las que prevalecen. En su relación tú a tú con Cristo, el apóstol, llega a la confianza ciega. “Es él en mí, no soy más yo…”, a lo que añado: es la respiración de Cristo, el latir de Cristo, la mirada de Cristo, el amor de Cristo en mí.

Desde jovencita me sentí atraída por la vida del apóstol. A pesar de todo no me visualicé como una hija suya. Bueno, pero eso soy: una “Hija de San Pablo”. Vivir en Cristo, vivir una vida nueva en Él, sin anular mis potencialidades y sin que ellas apaguen la obra de la gracia en mí y a través de mí. Esa es mi meta, mi tesoro y aventura paulina. Que la gracia del Señor Jesús me anime a ser fiel y que las oraciones de ustedes no me falten. Les prometo que pueden contar con las mías. Ah, si quieren conocer más acerca de la vida del apóstol Pablo, de sus “hijas”, colaboradoras y colaboradores y de las iniciativas para este Año Paulino pueden entrar a http://www.paulinaspr.com.

viernes, 24 de abril de 2009

Pueblo de Dios: Carisma Paulino Nativo (1ra. Parte)

La Hna. Daisy Torres, fsp nos habla sobre su vocación.

Junio del 2007. El Papa Benedicto XVI acaba de declarar el Año de San Pablo (junio2008- junio 2009). ¿Qué sentí? Muchísima alegría y 20 mariposas revoloteando en mi estomago. Desde aquel mismo instante me hice una promesa: ‘A lo largo de esos 12 meses voy a empeñarme en conocer mucho más de mi padre y haré lo posible, junto a las hermanas de la comunidad, por que otras personas conozcan su vida y su fuego misionero’.

Mi nombre es Daisy I. Torres López. Soy de aquí como… Mi familia natural es sencilla, luchadora y de fe. Llevo casi 14 años en la comunidad misionera de las Hijas de San Pablo, mi otra familia. Somos, como Pablo, misioneras en las grandes ciudades. Allí en donde hay gente que entra y sale, que pasa o regresa, ahí estaba Pablo de Tarso y allí estamos o intentamos estar nosotras, las Paulinas.

Ser una mujer realizada como consagrada, ser una evangelizadora en el campo de las comunicaciones y ser una misionera en la ciudad; han sido aspectos de la vocación paulina que me ha costado entender. ¿Qué fue lo que me ayudó a comprender lo “extraño” y lo hermoso de ser una Paulina? Un trozo del Evangelio. También la vida y las cartas de Pablo. ¿De qué hablo? Se los diré inmediatamente.

Cuando estaba en la etapa del Noviciado viví, como es normal, mis momentos de crisis. Uno de ellos lo causó el hecho de no tener del todo claro el sentido y la pertinencia del carisma paulino para la actualidad. Un número significativo de personas me hablaba de misión “ad gentes” y de asistir a los más pobres. Llegué a hacerme una lluvia de preguntas…
(Continuará en la próxima publicación).

lunes, 15 de diciembre de 2008

Pueblo de Dios: Conquistado por Cristo


Entrevista a: José Luis Pizarro, Hermano Cheo
Por: Luis E. y Yermaliz Ventura


En Puerto Rico muchos los conocen y saben de su misión en la Iglesia, otros posiblemente, aunque no muy a fondo, han escuchado hablar de ellos; pues para unos y otros es esta entrevista, porque el Pueblo de Dios está invitado a conocer sus miembros, su servicio y su historia. Nos referimos en este artículo a los Hermanos y Hermanas Cheos.

José Luis Pizarro, fajardeño, maestro retirado tras más de treinta años de servicio, casado y padre de tres hijos es uno de los más de cien Hermanos Cheos. Nos abrió las puertas de su hogar con la amabilidad y amor fraterno que le caracteriza. Una vez dentro nos invitó a pasar a un humilde oratorio y salón de formación bíblica que él mismo construyó en el segundo piso de su casa.

Para nosotros era de mucho interés compartir con él nuestras inquietudes sobre estos hombres y mujeres católicos conocidos como Hermanos y Hermanas Cheos. Pizarro nos explica que el nombre completo de la congregación a la que pertenece es Congregación Misionera San Juan Evangelista, alias Hermanos y Hermanas Cheos.

¿Por qué Hermanos Cheos?, preguntamos. “Los fundadores eran de nombre José, puertorriqueños, uno del pueblo de Arecibo y otro de Jayuya. En Puerto Rico, para aquella época de principio de siglo pasado y hasta la fecha, a los José les apodan Cheo, por esta razón cuando las personas los veían llegar decían: ¡Ahí vienen los hermanos Cheos!”

Adentrándonos más en la historia y origen de esta congregación misionera, Pizarro nos cuenta: “Tras la guerra Hispanoamericana y con el cambio de soberanía en 1898 llegó el protestantismo a Puerto Rico. Muchos sacerdotes españoles salieron de la isla por lo que la predicación del Evangelio mermó. Un joven de dieciséis años de nombre José Rodríguez Medina y residente de Arecibo, un día rezando el rosario se levantó y comenzó a predicar a los presentes, a partir de ese momento continuó haciéndolo en otras comunidades a las que era invitado. Para ese tiempo en el pueblo de Jayuya José de los Santos Morales comenzó también a predicar, después de un tiempo, ambos se encuentran, se conocen y continúan predicando juntos por toda la isla de Puerto Rico. Eventualmente se les fueron uniendo otros hombres y mujeres en su misión. Años más tarde en 1929, luego de muchas investigaciones y estudios, la Iglesia les reconoce oficialmente como una Congregación bonafide”.

Don José Luis Pizarro nos añade que existen dos libros que recogen la historia de los Hermanos Cheos; uno de ellos titulado Historia de los Hermanos Cheos, escrito por el Padre Esteban Santaella Rivera, y otro por el padre José Dimas Soberol, que responde al título Los Hermanos Cheos, apóstoles de Puerto Rico.

La Congregación San Juan Evangelista tiene su casa de formación y retiro en el pueblo de Peñuelas, aunque actualmente existen hermanos y hermanas que residen fuera del país.
Otra de nuestras interrogantes para beneficio de los interesados fue saber quién podía ser miembro de la Congregación; ¿qué pasos deben darse? Nuestro entrevistado nos hace la siguiente observación:

“Todo hermano o hermana católico casado o soltero, comprometido con nuestra Iglesia, es bienvenido. El primer contacto debe ser con un Hermano de la Congregación, se entrevista, se reúnen luego en la casa de formación con la directiva, si el candidato es apto se le admite e inicia un proceso de formación de tres a cuatro años donde toma cursos de estudio bíblico, Eclesiología, Mariología y Cristología, entre otros”.

Una aclaración que nos hace Pizarro es que solo los Hermanos y Hermanas autorizados pueden ser predicadores y estos deben vivir la vida sacramental de la Iglesia. “Aquellos Hermanos y Hermanas no predicadores sirven de otras maneras en la Iglesia y la Congregación: visitan enfermos, ofrecen retiros, van a las instituciones carcelarias, sirven en la casa de formación y atienden otras tantas necesidades”.

Al conversar con este Hermano Cheo notamos en él una gran emoción al hablarnos de la Congregación a la que pertenece lo que motivó a Yermaliz a hacerle unas preguntas que lo emocionaron aún más. ¿Cómo fue su experiencia, cómo descubre Pizarro a los Hermanos Cheos? “Una mañana estaba de visita en el santuario Nuestra Señora del Carmen, conocido también como Montaña Santa, fue entonces cuando escuché predicar por primera vez a un Hermano Cheo y me sentí motivado a conocerles más. Me acerqué al rector del Santuario [para aquella época] y le pregunté cómo yo podía ser un Hermano Cheo. Me explicó, y el fin de semana siguiente me presenté en la casa de formación de la Congregación en Peñuelas, me entrevistaron, me admitieron y aquí estamos hasta el día de hoy. Mi experiencia ha sido de gran alegría; la primera vez que prediqué fue como cuando uno recibe la primera comunión. ¡Esa alegría, ese gozo…! Una experiencia que da una nueva vida donde se siente la presencia del Señor a través de llevar y predicar su Palabra”.

Don José Luis se reconoce como un predicador enamorado con pasión de la Palabra de Dios y nos confiesa que le causa dolor cuando algunas personas llamadas a predicar desperdician esa oportunidad haciendo otras cosas que distan mucho de una predicación. “Predicación es proclamar la vida, pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. El predicador como el buen pescador debe lanzar las redes con seguridad. Nuestra seguridad nos la da el Espíritu Santo. El Señor le dijo a San Pedro te haré pescador de hombres. El predicador va en esa dirección, a ganar almas para el Señor, a que tú y yo tengamos fe”.

Nuestro hermano en la fe está consciente de la importancia de que todos podamos discernir la vocación a la cual el Señor nos ha llamado y la vivamos con alegría, “…para mí la vocación es un llamado y a la misma vez una dádiva del Señor, Dios me llamó al matrimonio y a ser un predicador de su Evangelio. Vivir la verdadera vocación te gusta y te permite hacer feliz a otras personas y te alegras, es como el agricultor que prepara el terreno, riega la semilla y echa el agua y cuando sale la espiguita, ¡que alegría! Así es la vocación, es la vivencia y el mantenimiento de ese llamado a servir tanto al Señor como a los hermanos”.

Los Hermanos y Hermanas Cheos guardan obediencia a nuestra Iglesia, es por eso que aunque son una asociación que goza del consentimiento de ésta, sus prédicas no se realizan sin el consentimiento o aprobación del párroco de la parroquia a la que asisten o donde fueran invitados.

La Congregación se compone de una directiva que consta de un presidente y vicepresidente, tesorero, secretarios y vocales que son coordinadores de zona. Anualmente se realiza una asamblea donde se reúnen todos los hermanos y hermanas y presentan diferentes asuntos relacionados con su servicio en la Iglesia los cuales son analizados profundamente para la toma de decisiones correctas.

Nuestro hermano Pizarro siente gran admiración por distintos santos con los que ha aprendido mucho, “…admiro mucho a San Martín de Porres, Santo Domingo de Guzmán, San Francisco de Asís, San José, entre otros. Sin embargo, quien más me ha impactado de todos ha sido la Santísima Virgen María, su vida, su entrega, su fidelidad al Señor”.

Servidor fiel de Jesucristo y su Iglesia, con su vida, dones e incluso su nombre, José, honra la Congregación de los Hermanos Cheos a la que pertenece y al Pueblo de Dios que con tanta pasión ama. Posee apellido de conquistador, Pizarro, sin embargo ha sido él el conquistado, conquistado por quien más nos ha amado, que por nosotros murió y resucitó para que tengamos vida y vida en abundancia, por el que ha sido el mismo ayer, hoy y siempre, conquistado por CRISTO.

“Ser servidores de los demás, como el Hijo del hombre que no vino a ser servido sino a servir y a dar su vida por la redención de muchos”. (Mt. 20, 28)

lunes, 20 de octubre de 2008

Pueblo de Dios, “Cuando el amor se hace canción ” (3)


Ante nuestro interés por saber cómo es que la música pasa a formar parte de sus vidas, Carlos recuerda que desde temprana edad quiso aprender a tocar un instrumento musical y mediante un programa de verano de la Administración de Derecho al Trabajo tuvo la oportunidad de tomar un curso de guitarra durante dos veranos consecutivos. “Automáticamente me hizo sentido, como que dos más dos son cuatro, que si estaba aprendiendo a tocar guitarra debía estar en el ministerio de música de la parroquia a la que asistía, solicité entrar y me aceptaron”; para entonces tenía Carlos quince años.

En el caso de Linés, desde pequeña estuvo relacionada con la música. Recuerda con agrado que sus dos hermanas mayores por diez y once años pertenecían a un ministerio de música y “mi papá se pasaba cantando y yo los escuchaba y todo lo asimilaba”. Desde los cinco años prestaba atención a cómo sus hermanas hacían las voces y armonías, “me gustaba seguirles el ritmo con la pandereta y cantar aunque fuera sin micrófono”, agrega sonreída, y con evidente felicidad en su rostro añade, “yo pienso que la Virgen María me enseñó a cantar, desde temprana edad yo percibía como si Ella me enseñara a conocer las voces que eran afines con las melodías para poder desarrollar mi voz”. Para Linés una de las experiencias más gratificantes ha sido tener el don de componer y poner esos talentos al servicio de Dios y la Iglesia y junto a Carlos darle música “a aquello que Jesucristo nos quiere decir a través de una canción”.

Adicional a que fueron miembros de Camerata Coral, Linés y Carlos compartieron como ministros de música en el Ministerio Voces a Dios y permanecieron en el mismo hasta cuatro años después de haberse casado. Más adelante, empezaron a servir, y hasta la fecha lo hacen, en la Parroquia San Luis Rey en Río Piedras durante la Misa dominical de 11:00am. Y actualmente forman parte del programa radial Liturgia y Música que se transmite por WKBM 810 AM cada martes a las 8:00pm.

Nuestros hermanos en la fe, al preguntarles cómo se visualizan de aquí a diez años, nos compartieron lo siguiente: “Primeramente casados, porque estamos convencidos de nuestra vocación; nos vemos más involucrados en el ministerio de la música con nuestros hijos presentes en un ministerio musical familiar…; y con mayor exposición, en cuanto a la pastoral en masa, en nuestro país hace falta ofrecer más actividades de conciertos y asambleas en especial a los jóvenes que necesitan mucho saberse queridos y tomados en cuenta”.

Para finalizar, como exhortación proponen a todo el Pueblo de Dios el reto de que se motive a conocer nuestra Iglesia Católica, nos formemos y atesoremos su historia y todo lo que en ella podemos vivir para que así pongamos todos nuestros carismas al servicio de Cristo. Nos invitan también a que tengamos siempre presente la oración y a Jesús Sacramentado en nuestro camino de fe y en el discernimiento vocacional porque es nuestro Maestro en el amor y la vida.

Compartir con Carlos y Linés nos permite entender que la música es un don natural en ellos por la gracia de Dios que lo ha puesto en sus corazones y que con la fe y el amor que viven y brindan a su prójimo ha pasado a ser un carisma. Todo lo que son, como nos dijeron, se lo deben a Dios, “…es una felicidad muy grande que no podemos guardar para nosotros solos”. ¡Que dicha poder contar con ellos en el Pueblo de Dios y ser testigos de cómo ese amor se ha hecho canción!

martes, 26 de agosto de 2008

“Cuando el amor se hace canción” (I)

Entrevista a: Carlos y Linés Serrano
Por: Luis E. y Yermaliz Ventura


“Recitad alternando, salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y tocad con toda el alma para el Señor”.
(Efesios 5, 19)



Carlos Serrano Rodríguez y Linés María Pérez, padres de Valeria Patricia y Miguel Antonio, de 8 y 6 años de edad respectivamente, unieron sus vidas en sacramento matrimonial un 7 de noviembre de 1998. Linés describe a Carlos como un hombre comprometido, “que se dedica a conocer su religión con pasión y a estar firme en su fe y sus valores”. Carlos, por su parte, nos dice de Linés que “es una mujer de oración que desde joven ha llevado consigo un verdadero celo apostólico; es inteligente, talentosa, ama a Jesús y le sirve”.

Uno de los talentos que ambos comparten es su amor por la música, que unido a la fe que siempre han profesado, los ha llevado a servir a nuestra Iglesia como ministros de música. Se conocieron siendo miembros de Camerata Coral, un coro polifónico secular mixto que se dedica a cantar música latinoamericana, en especial.

Nuestros entrevistados nos hablan de la vocación indicándonos que para ellos “es una llamada constante de conocer a Dios desde que se es pequeño, y que luego se hace más específica, como en nuestro caso el matrimonio”. También nos dicen que “es tu hacer con respecto al plan de Dios en tu vida que te permite llegar a la santidad y llevar a otros a ella; la vocación acorta el espacio entre el hombre y Dios”.

Para Carlos y Linés desde muy jóvenes estuvo claro que su vocación sería el matrimonio; y hoy día al mirar atrás recuerdan con satisfacción la experiencia que cada uno vivió de realizar discernimiento vocacional con diferentes grupos religiosos y que les ayudó a entender a qué estado de vida el Señor los llamaba.

Con el servicio que realizan a nuestra Iglesia este cariñoso matrimonio entiende que logran vivir a mayor plenitud su vocación, pues reconocen que estrechan sus lazos matrimoniales y les brinda unidad. “Aunque es un servicio apostólico es propio de nuestra relación, es personal y nuestro; porque él es mi esposo y yo soy su esposa”, sostiene Linés, y añade, “lo que cantamos debemos vivirlo y promoverlo”. “Dentro del servicio apostólico que estamos realizando, que hacemos con mucho amor y con bastante dedicación, debe haber una unción, porque cuando uno canta para el Señor está orando dos veces”, agrega Carlos con franca convicción. “Los ministerios de música están clasificados como una Orden Menor, y como tal debe haber una preparación, una búsqueda de orientación y dirección espiritual con nuestro sacerdote. Los ministros de música tienen una función específica dentro de la liturgia, están dentro del ordo y hay unos criterios establecidos para ellos”.

Conscientes de la importancia de vivir en gracia y para recibir esa unción, cada día perseveran en su preparación espiritual y ambos se ayudan y se motivan en la vivencia de los sacramentos. “Debemos prepararnos para brindarle al Espíritu Santo las condiciones idóneas para que se manifieste en nosotros.”

miércoles, 30 de julio de 2008

Pueblo de Dios, "¡Duc In Altum! ¹"

“ Remando Juntos Mar Adentro”

Ray y Awilda nos recibieron en su hogar con la cálida acogida que siempre brindan a su prójimo y con la que nos honran desde que nos conocimos hace ya un año.

Una vez nos invitaron a la sala de su residencia, Yermaliz y yo nos dimos cuenta de su gusto por los faros. Todavía recuerdo haber visto una hermosa lámpara en forma de faro, algunos cuadros y otras figuras alusivas. Para nosotros fue espontáneo expresarles nuestra curiosidad y, aunque quizás fue obvia nuestra pregunta, su respuesta fue un testimonio fiel del amor y la fe que existe en sus corazones. ¿Les gustan los faros?, pregunté. “Nos encantan”, responde Awilda con una franca sonrisa. “Para nosotros el faro es un signo de Jesucristo; El es el faro por excelencia, la guía que nos alumbra y traza la ruta de nuestras vidas”. Ubicados luego en el comedor de su hogar nuestra entrevista se desarrolló en una deliciosa conversación.

¿Quiénes son Ray y Awilda?

Tras mirarse brevemente a los ojos y como si con sus ojos se hablaran, lo cual es cierto, Ray nos responde: “Somos Ray y Awilda, esposos, contamos con 38 años de casados, 6 hijos, 5 nietos, en adición que están nuestras madres con vida². Nosotros somos también eso, somos nuestra familia”.

“Además de esposos, somos amigos”, añade Awilda. “Ser amigos es algo muy importante. Estamos muy comprometidos el uno con el otro; siempre luchamos por comunicarnos abiertamente y cuidar nuestra privacidad”. “Somos un matrimonio luchador”, nos dicen a la vez mientras sonríen.

Awilda y Ray nos contaron que se conocieron en un baile, en el cumpleaños de una amiga de Awilda al que Ray asistió con unos amigos. “Cuando me dí cuenta de la presencia de Awilda hablé con mis amigos y les dije que no la sacaran a bailar porque sería yo quien la sacaría”. ¿Así que todo comenzó bailando?, dice Yermaliz, lo que nos hace reír a todos al recordar con esta frase una canción.

Awilda nos confirmó que así comenzó una relación de amigos donde seguían compartiendo en fiestas de amistades y actividades hasta que llegó el momento en que en la escuela Ray le preguntó si quería ser su novia. ¡Por fín!, dijimos Yermaliz y yo a la vez, a lo que Awilda inmediatamente nos dijo: “Un momento, que lo hice sufrir un poquito, porque él pensaba que yo le contestaría enseguida y no fue así”, se ríen. “Un poquito nada más”, dice Ray. Tras cinco años de noviazgo Ray y Awilda contrajeron matrimonio. “Después de casarnos yo seguí estudiando y poco a poco fueron llegando los hijos”, nos dice Awilda.

Basados en su experiencia nos definen la vocación como “algo con lo que se nace porque Dios ya lo ha puesto en el corazón de cada uno y que se va descubriendo y cultivando durante el crecimiento”. “Es esa inclinación, ese interés a un estilo de vida que te hará feliz”. “El matrimonio es una verdadera vocación. Así como los valores tú los vives y los cultivas. Cuando una pareja se casa hace un pacto con El Señor; en nuestro caso entendimos que el matrimonio sería un estado de vida que viviríamos siempre, no cargarlo, vivirlo. No nos casamos nosotros dos nada más, nos casamos tres, porque nos casamos con El Señor”, añade Ray.

Nuestros amigos entienden que no todos están llamados a vivir la vocación del matrimonio, por lo que es importante descubrir la propia vocación que les permita sentirse bien y realizados. “Cuando conocemos personas que se van a casar por presiones familiares, intereses económicos u otras razones que no son el amor y el entender el matrimonio como una vocación, y van con la idea de que al primer inconveniente van a salir corriendo, Ray y yo les decimos que si parten de esa idea lo mejor es que no se casen, pues comienzan con una idea equivocada. Si se casan, que no lo hagan por lo católico para que no dañen el sacramento porque están partiendo de que no van a luchar”, nos aclara Awilda.
En una ocasión nos comentaron de una crisis económica que atravesaron, ¿ha sido esto lo más difícil que les ha tocado vivir en su matrimonio?

Brevemente ambos se miran y Ray nos dice: “Definitivamente sí. Nosotros estuvimos muy bien económicamente, tuvimos un negocio, vehículos, casa, todo eso. Después del huracán Hugo todo fue cayendo, los clientes se fueron a la quiebra, otros desaparecieron; eso nos estremeció. Perdimos la que era la casa de nuestros sueños, perdimos los autos; prácticamente perdimos todo”.

Esta situación los llevó a ambos a verse sin empleo, sin recursos económicos y a mudarse a casa de la madre de Awilda. “Surgieron muchas cosas”, dice Ray. “Fue un momento difícil pero había algo muy importante y es que nosotros estábamos unidos, aquello podía ser muy triste pero estábamos seguros de que El Señor estaba con nosotros en todo momento”. Fue una gran sacudida pero más grande aún fue reafirmar su fe en Aquél que nunca falla.

Una anécdota que recuerdan es que a los dos años de estar viviendo en casa de la madre de Awilda reciben la noticia de que les nacería su sexto hijo. “Al principio sentí preocupación porque la situación en la que estábamos no era la más cómoda. Cuando Ray llegó de trabajar ese día en que el médico me había visto, me dice: ¿Qué te dijeron? Y yo le dije: Pues, que estoy en cinta. El me contestó: Yo me lo imaginaba.” Acto seguido, Ray añade: “Yo le dije, ¿sabes qué? Eso es lo más grande y bonito que nos ha sucedido porque es motivo para nosotros levantarnos; en estos momentos difíciles es motivo para seguir luchando por nosotros y nuestra familia”.

Después de esta anécdota tan esperanzadora y llena de amor y fidelidad es inevitable preguntarles: ¿Qué ha sido la más gratificante en su matrimonio?

Awilda toma la palabra: “Fíjate, para nosotros el llegar Encuentro Matrimonial³ a nuestras vidas a los once años de casados, porque a partir de esta experiencia comenzamos a vivir verdaderamente nuestro matrimonio. Nos dimos cuenta de la importancia de este sacramento, entendimos que nos escogimos el uno al otro por amor; aprendimos a conocernos mejor, a aceptarnos, a conocer cuáles son nuestros sentimientos ante las situaciones; que Dios pone este sacramento en nuestras manos para que lo administremos, lo cultivemos y vivamos, porque el sacramento no se carga, se vive”.

Luego de haber servido con entrega y compromiso en diferentes posiciones en este movimiento, a lo largo de casi tres décadas, actualmente Ray y Awilda continúan dando de sí, siendo servidores del Fin de Semana de Encuentro Matrimonial, y colaborando como formadores, orientadores y acompañantes de otros matrimonios servidores.

Awilda, ¿cómo comparas la vocación matrimonial con la sacerdotal?

“El sacerdote se casa con la Iglesia, como nosotros lo hacemos con nuestro cónyuge. Tanto él como nosotros estamos llamados a la fidelidad, al amor, a la comunicación abierta y sincera”. Por su parte, Ray nos comenta: “El Matrimonio y el Orden Sacerdotal o religioso son sacramentos de vocación; en el caso de los dos estamos llamados a servirle al Señor”.

Cuando les preguntamos si existe algún personaje bíblico o del santoral que les inspire o motive como matrimonio a ser fieles a la fe, a ser fieles el uno con el otro, la respuesta no se hace esperar. Awilda, visiblemente emocionada, nos dijo: “Siempre, quien me inspira ante las dificultades es la historia de Job; esta historia fortalece mi fe. Job perdió una cosa, perdió otra y otra, y permaneció fiel. Nosotros hemos tenido nuestras pérdidas y nunca hemos renegado ni nos hemos alejado. Es una gran inspiración”.

Siempre encontramos una sonrisa en sus rostros que contagia, que nos hace pensar que disfrutan mucho la vida. ¿Qué cosas disfrutan juntos?, preguntamos. Mirándose con una ternura casi indescriptible y tomándose de las manos nos comparten que disfrutan mucho las reuniones y actividades sociales de Encuentro Matrimonial; cada vez que bailan juntos; les llena de gran satisfacción reunirse en su hogar con todos sus hijos y nietos y disfrutar de su compañía, compartir con otros matrimonios y amistades. Nos aseguran que procuran disfrutar todo lo que hacen y su vida de Iglesia, el servicio, la Eucaristía...

Conversar con Ray y Awilda es una verdadera bendición, en sus palabras siempre se encuentran respuestas que nutren la fe de quien las escucha pues brotan de su corazón.

Surgen de la entrega amorosa, de la humildad, del servicio. Nacen de una experiencia real de amor y fidelidad a Dios; de la respuesta afirmativa al llamado que el Señor les ha hecho de subir a su barca y remar mar adentro, sin temores y confiados, porque El mismo es Faro que les ilumina y traza la ruta de sus vidas.
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1. ¡Remar mar adentro!
2. La madre de Awilda partió con el Señor el día 9 de enero de 2008.
3. Movimiento de la Iglesia Católica a nivel mundial que llegó a Puerto Rico en 1974. Está dirigido a matrimonios que desean mejorar su relación y para sacerdotes, religiosos y religiosas que desean revitalizar su relación con su gente.

lunes, 28 de julio de 2008

Pueblo de Dios, "La sonrisa de Gabriel"

En una fresca tarde del mes de mayo, en el balcón de nuestra residencia en la ciudad de Caguas, tuvimos una muy agradable conversación con un joven seminarista de 25 años y de sonrisa espléndida que responde al nombre de Gabriel Cecilio Figueroa Pomales.

“Soy un joven que ha tenido un llamado que realmente no esperaba, pero que con mucha alegría lo ha aceptado”.

Es necesario preguntarte, ¿cuál ha sido este llamado, Gabriel? “Es la invitación que Dios me ha hecho para estar donde El quiere que yo viva la felicidad de un modo específico, con alegría y con la disposición de entregar lo mejor de mí a todo el mundo. Ha sido un llamado a la vida religiosa”.
Gabriel es el menor de tres hermanos. Nació en la ciudad de Humacao pero se crió en el pueblo de Naguabo con la familia materna; sus estudios primarios y secundarios los realizó en este mismo municipio por el cual siente un amor profundo.

Acercándonos un poco más a ese llamado que Dios te ha hecho, ¿cómo defines la vocación? “Es un llamado a vivir la felicidad, la santidad, pero de una manera específica, a través de un estado de vida propio para tí por el cual vas a llegar a esa felicidad”.

Gabriel creció en una parroquia diocesana en su querido Naguabo (Diócesis de Caguas), es allí donde conoce, por medio del padre Jorge Cardona, el programa de discernimiento vocacional Pre-Seminario, conocido hoy como Programa “Remar Mar Adentro”, el cual invita a los jóvenes interesados a iniciar una experiencia de discernimiento vocacional durante un fin de semana al mes por espacio de un año.

“Después de un tiempo y tras aclarar muchas inquietudes comprendí la importancia de darle un espacio a Dios para saber qué es lo que El quiere para uno, y acepté la invitación del padre Jorge. Dentro del proceso comencé a descubrir lo bonito e interesante de la vida sacerdotal y empezó a formarse en mí una gran inquietud, comencé a considerar ser sacerdote”; en el momento en que nos comenta esto se dibuja una gran sonrisa en el ya alegre rostro de Gabriel.

El nos señala que a lo largo del proceso en que continúa su discernimiento y conoce distintas congregaciones religiosas por medio del programa Pre-Seminario, entiende que es la vida religiosa en comunidad la que más le llama la atención.

“La vida en comunidad es la que he practicado toda mi vida, con mi propia familia que ha sido mi primera fraternidad. Con ellos aprendí a afrontar los problemas. No simplemente decir yo puedo, sino que realmente cuento con personas que me ayudan y para las cuales yo también puedo ser instrumento de ayuda y juntos salir adelante. No conocía bien lo que era la vida religiosa pero sí conocía lo que era vivir en fraternidad”.

Es en este programa de discernimiento donde conoces la Orden de Frailes Menores Capuchinos? ¿Qué te motivó a interesarte por ellos?

“Una tarde Fray José Antonio Cruz, ofm cap. nos visitó para hablarnos del carisma de la orden y de la espiritualidad franciscana. Me llamó mucho la atención ver lo contento que estaba él de ser quien era. Me gustó el compromiso que tienen con su orden y carisma, el orgullo que sienten por el uso del hábito como signo de eso que han profesado. Recuerdo que después de su charla, en la cual hice como 20,000 preguntas para conocer un poco más, regresé a casa con mucha paz y alegría de haber encontrado una opción para vivir lo que estaba sintiendo”.


¿Te decidiste esa misma tarde por los capuchinos?, preguntamos.

“No, al final de todo el proceso de pre-seminario es cuando hablo con padre Cardona y le digo que me interesa la vida en fraternidad. Aunque me llamaba la atención el carisma de los Capuchinos pasó un poco más de tiempo antes de acercarme a ellos. Comencé a buscar información adicional de ellos, el carisma, la espiritualidad... Y recuerdo que me salían hasta en la televisión, con el programa de fray Jimmy Casellas en Teleoro, luego la película de San Francisco; bueno, fue todo un bombardeo de la vida franciscana capuchina. Luego, en el periódico El Visitante, aparece información sobre un retiro vocacional que realizarían y rápido les llamé. La acogida fue inmediata; con ellos encontré, a medida que compartía más, que me sentía a gusto, y que era el carisma con el cual me identificaba”.

Gabriel, tu sonrisa es reflejo de tu alegría, sabemos que pronto inicias una nueva etapa dentro de tu formación, pero nos gustaría que nos hablaras brevemente de la que todavía estás viviendo.
“En la cual estoy actualmente es la que se conoce como postulantado, esta es una etapa en la cual el candidato comienza a vivir con los frailes para ir conociendo cuál es su estilo de vida diario y de igual manera para que los frailes conozcan al joven; se realizan o completan unos estudios universitarios, y se tiene también un proceso de preparación dirigido a la formación humana y cristiana.”

¿Cómo es un día en la vida de Gabriel?

“¡Chévere!, me levanto bien temprano, a las 5:00 de la mañana. A las 6:15 tenemos las meditaciones y a las 6:45 empezamos los Laudes para luego tener el desayuno todos juntos y compartir en la mesa, y después tenemos nuestro tiempo de estudio en la universidad. Regreso a completar algunas cosas, ya sea de la universidad o de la casa; en la tarde, a las 5:15, tenemos las vísperas para luego ir a cenar todos juntos, y es un compartir muy lindo que se da porque cada uno trae las vivencias del día y conversamos con alegría. Una vez terminada la cena continuamos compartiendo un rato más antes de la Misa, que es diaria, y luego estoy una hora estudiando, hasta las 9:15 que tenemos las completas. Al terminar tenemos otro ratito de compartir fraterno hablando o viendo las noticias para luego retirarnos a dormir”.
Aunque hay un horario y una estructura, Gabriel nos asegura que no lo hace porque sea una rutina o por obligación, sino porque es parte de él; de su experiencia y vida en fraternidad lo cual le llena y satisface grandemente y le hace sentir en familia.

¿Qué ha sido lo más difícil en tu proceso de formación hasta ahora?

“Lo más difícil... (se le escapa una carcajada); bueno, muchas veces hacemos algo que a nuestro modo nos funciona y está bien, pero luego cuando entras a la vida religiosa y empiezas a tener esa primera experiencia de lo que sería el voto de obediencia, que no es exactamente hacer lo que el Superior te indique, sino que es estar dispuesto a hacer todo lo que sea necesario... y puede ser que tú tengas en mente hacerlo de una manera pero realmente hay que hacerlo de otra. Esto fue lo que más difícil se me hizo aceptar y entender, que la obediencia es poner tu corazón en ese mandato y petición que te hace tu hermano Superior y hacerlo con entrega y amor.”

Ahora bien, ¿que sería lo más gratificante que has vivido? “Sin dudas ha sido el haber encontrado mi vocación para vivir esa felicidad a la que Dios me ha llamado”.

Háblanos un poquito de la etapa que vas a comenzar próximamente, sabemos que vas a viajar a México...

“Sí, empezaré el noviciado en la ciudad de Puebla en México. El noviciado es esta etapa en la que empiezo a definirme como Capuchino, me llamaría ya Fray Gabriel y usaría el hábito; estudiaría la historia de la Orden Capuchina, sus constituciones, sus reglas. El noviciado tiene una duración de un año y en este tiempo estaría realizando posiblemente diferentes apostolados”.

Gabriel, siempre nos gusta hacer esta pregunta, y ya para finalizar nuestra entrevista te la haremos, ¿con cuál personaje bíblico o con qué santo te identificas? Luego de regalarnos otra sincera sonrisa nos dice inmediatamente: “Si fuera yo ha identificarme con un discípulo de Cristo es con Santa Teresita del Niño Jesús, claro que no es Clarisa ni Capuchina, pero me identifico con su manera de vivir la vida, porque simplemente vivió con sencillez y amor lo que es ser cristiano. En las cosas simples del diario vivir logró alcanzar la alegría, la felicidad, la santidad.”

Sencillez y amor, dos virtudes que entre otras vive este joven puertorriqueño que nuestro Señor, en su infinita Misericordia ha llamado, así como hace con todos nosotros.
El testimonio de Gabriel, la sencillez y el amor que refleja son una invitación clara para que vivamos nuestra vocación con gran alegría y para que no nos cansemos de regalarle nuestra mejor sonrisa al Todopoderoso a través de nuestros hermanos.

***Al momento de esta publicación nuestro querido Gabriel se encuentra viviendo la experiencia del noviciado en México, tal y como nos había explicado. Hoy día porta el hábito de los Capuchinos que tanto llamó su atención y responde al nombre de Fray Cecilio.

Mapa Nueva Librería Paulinas en Avenida Roosevelt 174

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