Bienvenidos al Pueblo de Dios
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viernes, 27 de febrero de 2009

¿Podrían orar por mi vocación?

"La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”. (Mt. 9, 36)

Visita este enlace: http://www.paulinaspr.org/ y deja tu oración en la sección de Peticiones de Oración. Estamos esperando para orar por ti.

lunes, 15 de diciembre de 2008

¿Podrían orar por mi vocación?


“La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”. (Mt. 9, 36)

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lunes, 28 de julio de 2008

Vidas que inspiran: Santa Teresita del Niño Jesús


La Florecita de Jesús:

“Siento que mi misión va a comenzar, mi misión de hacer amar al buen Dios como yo le amo... de dar a las almas mi pequeño camino de confianza y de abandono. Quiero pasar mi cielo haciendo el bien sobre la tierra.”

María Francisca Teresa, mejor conocida como Santa Teresita, es hija de los Siervos de Dios, Luis Martín quien era relojero y Celia Guérin que era costurera. Nace en Alencon, Francia en la noche del 2 de enero de 1873. Fue la menor de cinco hijas. Sus hermanas eran: Paulina, Leonia, María y Celina, las sobrevivientes entre nueve hijos que engendraron sus padres. Desde temprana edad dejó saber claramente su deseo de convertirse en monja.

De niña fue siempre alegre, traviesa, extrovertida, con un fuerte carácter. Más a los cuatro años y medio de edad ya se topaba con una cruda realidad: la muerte. Teresa queda huérfana de madre, y como asegurará más adelante, fue tan impactante esta experiencia que no pudo ni llorar. Y siempre recordó con gran impresión el rito de la extrema unción y el último beso que le diera en la frente a su pobre madre. Desde ese momento ya no fue más la misma. Cambió su ánimo y su personalidad. Pasó a ser sumamente callada, introvertida y sensible por demás. Es cuando su padre decide mudarse a Lisieux junto a familiares de su difunta esposa. Teresita eligió a Paulina para que fuera su mamá desde ese momento. Cinco años después, la hermana mayor decide entrar al Carmelo como religiosa; entonces la niña experimenta una segunda orfandad. La tristeza... indescriptible.

Ella siempre anheló una vida ermitaña. Más tuvo que resignarse a estar semi-interna durante cinco años en el Colegio de las Benedictinas junto a su hermana Celina, lo que hizo de este tiempo uno más llevadero. Aún así ocupó primeros puestos y obtuvo buenas calificaciones.

Desde pequeña sufrió de delicada salud. Y esta debilidad le acompañará hasta el último de sus días. Cuando tenía diez años sufrió de una grave enfermedad que le provocaba alucinaciones y fuertes escalofríos. Después de varias semanas, se acercó el día de la toma de hábitos de Paulina (un 6 de abril). Debido a esta ocasión, Teresita tuvo una leve mejoría y pudo asistir a la ceremonia, mas ya de regreso fue más fuerte la recaída. Pero el 13 de mayo en celebración de la fiesta de la Virgen de Fátima obtuvo una milagrosa sanación. Ella no había dejado de rezar a su Madre Celestial, la cual se le apareció, y con su tierna presencia y sonrisa la sanó.

Una ocasión que atesoraba en su corazón era el día de su Primera Comunión. Era llamada “doctorcita” por el Padre Pichón quien dirigía la preparación, la cual duró tres meses. Su hermana Paulina le escribía semanalmente para animarle, y María le instruía día tras día. Decidió ofrecer sacrificios por amor a Jesús y anotar cada uno de ellos. Llegó a registrar 818 pequeños sacrificios y 2,777 actos de amor en ese tiempo.

El 8 de mayo sería un gran día para esta familia: Paulina haciendo su profesión religiosa, pasando a ser Inés de Jesús; y, Teresa recibiendo sacramentalmente a Jesús por vez primera. Su encuentro con El fue tan sublime que sólo pudo exclamar: “Te amo, te amo Jesús, y me consagro a Ti para siempre.” Y no podía faltar una especial consagración a su Madre Celestial quien la había sanado milagrosamente.

Un personaje que admiraba mucho esta santa era Juana de Arco, aún sin haber sido declarada santa. Incluso, tuvo el placer de representar ese papel habiendo fotos que nos permiten disfrutarlo. ¿Quién le diría que años más tarde sería co-patrona de Francia junto a Santa Juana de Arco?

La vocación por la vida religiosa estaba a flor de piel en cada una de las hijas de don Luis Martín. Inquietud que él mismo y quien fuera su esposa habían sentido en sus tiempos de juventud. Entonces, Leonia decidió hacerse religiosa clarisa. Más Dios se conformó con sólo dos meses de sacrificio y volvió nuevamente a la casa. Luego, María decide entrar también al Convento del Carmelo donde ya había profesado Paulina. Ahora sería María del Sagrado Corazón.

Nuestra piadosa jovencita, Teresa, sitúa su conversión en la Noche de Navidad, cuando tenía 14 años. “Sentí que el Niño Jesús me invitaba a dedicar mi vida a amar a Dios y a salvar almas.” Fue cuando experimentó salir del túnel de tristezas y angustias, de escrúpulos y excesiva sensibilidad que había sufrido. Adoptó, entonces, el libro “Imitación de Cristo” (de Tomás de Kempis) y lo convirtió en su lectura favorita junto con la Sagrada Escritura. Y se dedicó a orar asiduamente por los sacerdotes y los misioneros. Consiguiendo inclusive la conversión de un criminal.

Es entonces que con la voluntad y la determinación que la caracterizaban decidió que entraría al Carmelo con apenas catorce años cumplidos. Para este momento ya tenía dos “impedimentos”: la edad (el mínimo eran 16) y el que no se permitían más de dos familiares en un mismo convento. A pesar de esto, se dispone a pedir permiso a su padre y así definir su futuro. Don Luis le dio su consentimiento, asegurándole que allí Dios la estaría transplantando cual pequeña flor a un terreno más fértil. Pese a esto, su tío materno se negó a aceptarlo; y pidió que no se hablara del tema hasta que ella no hubiera cumplido los 17. Pero, Paulina conociendo el corazón de su hermanita intercedió por ella ante su tío, el cual posteriormente le da también su bendición.

Comenzando toda una odisea, fueron a visitar al Padre Superior el cual se opuso rotundamente. Aún así, lanzó un rayito de esperanza al asegurar que el Señor Obispo tenía más inherencia que él, que fueran a consultarle. Aquí se nos presenta un dato curioso que nos demuestra la sagacidad de Teresa. El día que verían al Señor Obispo ella se tejió un moño alto sobre su cabeza, así aparentaría ser más alta y tener más edad. Al fin y al cabo, Monseñor decidió que habría que consultarlo con el Superior.

Llega la tan famosa peregrinación a Roma por motivo de las Bodas de Oro del Santo Padre León XIII (1887). Domingo, 20 de noviembre, audiencia con el Papa: última oportunidad para conseguir permiso de entrar al Carmelo. Llegó el momento tan esperado, y Celina le animó a hablar... “Santísimo Padre, tengo que pedirle una gracia muy grande.” “En honor de sus 50 años de sacerdocio, permítame por favor entrar de monjita carmelita.” Y después de un corto pero intenso diálogo... “¡Vamos, vamos! Entrarás si Dios lo quiere”, le contesta el Santo Padre.

Y así sucedió... el lunes, 9 de abril de 1888 pasa el umbral del Convento del Carmelo de Lisieux. “¡Por fin quedaban cumplidos mis deseos!” “Estaré aquí para siempre, para siempre!” Sus dos fines, por los cuales entraba a la vida religiosa eran: salvar almas, a través de aceptar con amor los sufrimientos que se le presentaban; y orar por los sacerdotes.

A sus 22 años, Teresa comenzó a redactar una autobiografía por petición de su hermana mayor, Paulina; la cual descubría en su hermanita tal sabiduría y piedad que no debían desaparecer con su muerte. La llamó “Historia de un alma”, y recopilaba recuerdos de su niñez y las misericordias de Jesús para con ella.
Dos hechos tocaron profundamente el corazón de nuestra santa estando ya en el Carmelo: la muerte de su padre y la entrada de Celina al Carmelo, la última que faltaba por profesar pues Leonia había vuelto al monasterio. Pero era tal la confianza en Dios que con gran paz y alegría acogió cada uno de ellos.

Ocho años después de su tan esperada entrada al convento (1896), a nuestra santa se le diagnostica tuberculosis. Con esta enfermedad se cumple su gran deseo de padecer dolorosos martirios por amor a Jesús. Internada en la enfermería pasa la noche oscura del alma. No faltaron dudas ni ataques a su espiritualidad. Pero si Jesús y María nunca la habían abandonado, mucho menos ahora. Dios vino a compensarle El Caminito que siempre había seguido: total confianza en el Padre Dios y un amor total a Nuestro Señor.

“Bueno, bueno. Yo no quiero sufrir menos de lo que Dios quiera.” El jueves, 30 de septiembre de 1897 Teresita parte al encuentro de su amado luego de una dolorosa agonía, la cual sufrió con gran amor. Las hermanas religiosas fueron testigos del éxtasis final durante el cual ella recobró el buen color signo de salud. Habiendo expirado, el crucifijo se mantuvo sostenido entre sus manos con tal fuerza que fue difícil retirarlo. Y su rostro conservó una dulce sonrisa y una belleza admirable.

El 24 de agosto de 1997, en París, el Papa Juan Pablo II anuncia su deseo de proclamar a Santa Teresita del Niños Jesús “Doctora de la Iglesia”; luego de que Pío XI la hubiera declarado patrona de todas las misiones, junto con San Francisco Javier.

“Quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra. No quiero descansar mientras hay almas que salvar. Ni hasta que el ángel diga: el tiempo se ha acabado”

Exhortación Vocacional: Fray Gabriel Figueroa OFM. Cap.

Pueblo de Dios, "La sonrisa de Gabriel"

En una fresca tarde del mes de mayo, en el balcón de nuestra residencia en la ciudad de Caguas, tuvimos una muy agradable conversación con un joven seminarista de 25 años y de sonrisa espléndida que responde al nombre de Gabriel Cecilio Figueroa Pomales.

“Soy un joven que ha tenido un llamado que realmente no esperaba, pero que con mucha alegría lo ha aceptado”.

Es necesario preguntarte, ¿cuál ha sido este llamado, Gabriel? “Es la invitación que Dios me ha hecho para estar donde El quiere que yo viva la felicidad de un modo específico, con alegría y con la disposición de entregar lo mejor de mí a todo el mundo. Ha sido un llamado a la vida religiosa”.
Gabriel es el menor de tres hermanos. Nació en la ciudad de Humacao pero se crió en el pueblo de Naguabo con la familia materna; sus estudios primarios y secundarios los realizó en este mismo municipio por el cual siente un amor profundo.

Acercándonos un poco más a ese llamado que Dios te ha hecho, ¿cómo defines la vocación? “Es un llamado a vivir la felicidad, la santidad, pero de una manera específica, a través de un estado de vida propio para tí por el cual vas a llegar a esa felicidad”.

Gabriel creció en una parroquia diocesana en su querido Naguabo (Diócesis de Caguas), es allí donde conoce, por medio del padre Jorge Cardona, el programa de discernimiento vocacional Pre-Seminario, conocido hoy como Programa “Remar Mar Adentro”, el cual invita a los jóvenes interesados a iniciar una experiencia de discernimiento vocacional durante un fin de semana al mes por espacio de un año.

“Después de un tiempo y tras aclarar muchas inquietudes comprendí la importancia de darle un espacio a Dios para saber qué es lo que El quiere para uno, y acepté la invitación del padre Jorge. Dentro del proceso comencé a descubrir lo bonito e interesante de la vida sacerdotal y empezó a formarse en mí una gran inquietud, comencé a considerar ser sacerdote”; en el momento en que nos comenta esto se dibuja una gran sonrisa en el ya alegre rostro de Gabriel.

El nos señala que a lo largo del proceso en que continúa su discernimiento y conoce distintas congregaciones religiosas por medio del programa Pre-Seminario, entiende que es la vida religiosa en comunidad la que más le llama la atención.

“La vida en comunidad es la que he practicado toda mi vida, con mi propia familia que ha sido mi primera fraternidad. Con ellos aprendí a afrontar los problemas. No simplemente decir yo puedo, sino que realmente cuento con personas que me ayudan y para las cuales yo también puedo ser instrumento de ayuda y juntos salir adelante. No conocía bien lo que era la vida religiosa pero sí conocía lo que era vivir en fraternidad”.

Es en este programa de discernimiento donde conoces la Orden de Frailes Menores Capuchinos? ¿Qué te motivó a interesarte por ellos?

“Una tarde Fray José Antonio Cruz, ofm cap. nos visitó para hablarnos del carisma de la orden y de la espiritualidad franciscana. Me llamó mucho la atención ver lo contento que estaba él de ser quien era. Me gustó el compromiso que tienen con su orden y carisma, el orgullo que sienten por el uso del hábito como signo de eso que han profesado. Recuerdo que después de su charla, en la cual hice como 20,000 preguntas para conocer un poco más, regresé a casa con mucha paz y alegría de haber encontrado una opción para vivir lo que estaba sintiendo”.


¿Te decidiste esa misma tarde por los capuchinos?, preguntamos.

“No, al final de todo el proceso de pre-seminario es cuando hablo con padre Cardona y le digo que me interesa la vida en fraternidad. Aunque me llamaba la atención el carisma de los Capuchinos pasó un poco más de tiempo antes de acercarme a ellos. Comencé a buscar información adicional de ellos, el carisma, la espiritualidad... Y recuerdo que me salían hasta en la televisión, con el programa de fray Jimmy Casellas en Teleoro, luego la película de San Francisco; bueno, fue todo un bombardeo de la vida franciscana capuchina. Luego, en el periódico El Visitante, aparece información sobre un retiro vocacional que realizarían y rápido les llamé. La acogida fue inmediata; con ellos encontré, a medida que compartía más, que me sentía a gusto, y que era el carisma con el cual me identificaba”.

Gabriel, tu sonrisa es reflejo de tu alegría, sabemos que pronto inicias una nueva etapa dentro de tu formación, pero nos gustaría que nos hablaras brevemente de la que todavía estás viviendo.
“En la cual estoy actualmente es la que se conoce como postulantado, esta es una etapa en la cual el candidato comienza a vivir con los frailes para ir conociendo cuál es su estilo de vida diario y de igual manera para que los frailes conozcan al joven; se realizan o completan unos estudios universitarios, y se tiene también un proceso de preparación dirigido a la formación humana y cristiana.”

¿Cómo es un día en la vida de Gabriel?

“¡Chévere!, me levanto bien temprano, a las 5:00 de la mañana. A las 6:15 tenemos las meditaciones y a las 6:45 empezamos los Laudes para luego tener el desayuno todos juntos y compartir en la mesa, y después tenemos nuestro tiempo de estudio en la universidad. Regreso a completar algunas cosas, ya sea de la universidad o de la casa; en la tarde, a las 5:15, tenemos las vísperas para luego ir a cenar todos juntos, y es un compartir muy lindo que se da porque cada uno trae las vivencias del día y conversamos con alegría. Una vez terminada la cena continuamos compartiendo un rato más antes de la Misa, que es diaria, y luego estoy una hora estudiando, hasta las 9:15 que tenemos las completas. Al terminar tenemos otro ratito de compartir fraterno hablando o viendo las noticias para luego retirarnos a dormir”.
Aunque hay un horario y una estructura, Gabriel nos asegura que no lo hace porque sea una rutina o por obligación, sino porque es parte de él; de su experiencia y vida en fraternidad lo cual le llena y satisface grandemente y le hace sentir en familia.

¿Qué ha sido lo más difícil en tu proceso de formación hasta ahora?

“Lo más difícil... (se le escapa una carcajada); bueno, muchas veces hacemos algo que a nuestro modo nos funciona y está bien, pero luego cuando entras a la vida religiosa y empiezas a tener esa primera experiencia de lo que sería el voto de obediencia, que no es exactamente hacer lo que el Superior te indique, sino que es estar dispuesto a hacer todo lo que sea necesario... y puede ser que tú tengas en mente hacerlo de una manera pero realmente hay que hacerlo de otra. Esto fue lo que más difícil se me hizo aceptar y entender, que la obediencia es poner tu corazón en ese mandato y petición que te hace tu hermano Superior y hacerlo con entrega y amor.”

Ahora bien, ¿que sería lo más gratificante que has vivido? “Sin dudas ha sido el haber encontrado mi vocación para vivir esa felicidad a la que Dios me ha llamado”.

Háblanos un poquito de la etapa que vas a comenzar próximamente, sabemos que vas a viajar a México...

“Sí, empezaré el noviciado en la ciudad de Puebla en México. El noviciado es esta etapa en la que empiezo a definirme como Capuchino, me llamaría ya Fray Gabriel y usaría el hábito; estudiaría la historia de la Orden Capuchina, sus constituciones, sus reglas. El noviciado tiene una duración de un año y en este tiempo estaría realizando posiblemente diferentes apostolados”.

Gabriel, siempre nos gusta hacer esta pregunta, y ya para finalizar nuestra entrevista te la haremos, ¿con cuál personaje bíblico o con qué santo te identificas? Luego de regalarnos otra sincera sonrisa nos dice inmediatamente: “Si fuera yo ha identificarme con un discípulo de Cristo es con Santa Teresita del Niño Jesús, claro que no es Clarisa ni Capuchina, pero me identifico con su manera de vivir la vida, porque simplemente vivió con sencillez y amor lo que es ser cristiano. En las cosas simples del diario vivir logró alcanzar la alegría, la felicidad, la santidad.”

Sencillez y amor, dos virtudes que entre otras vive este joven puertorriqueño que nuestro Señor, en su infinita Misericordia ha llamado, así como hace con todos nosotros.
El testimonio de Gabriel, la sencillez y el amor que refleja son una invitación clara para que vivamos nuestra vocación con gran alegría y para que no nos cansemos de regalarle nuestra mejor sonrisa al Todopoderoso a través de nuestros hermanos.

***Al momento de esta publicación nuestro querido Gabriel se encuentra viviendo la experiencia del noviciado en México, tal y como nos había explicado. Hoy día porta el hábito de los Capuchinos que tanto llamó su atención y responde al nombre de Fray Cecilio.

Mapa Nueva Librería Paulinas en Avenida Roosevelt 174

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