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viernes, 27 de febrero de 2009

Pueblo de Dios, “VIVIMOS PARA SERVIR”

Entrevista a: Virginia Montoya Arce, MSW
Por: Luis E. y Yermaliz Ventura
Lugar: San Juan, Puerto Rico.


“Todos nosotros debemos agradar a nuestro
prójimo y hacer las cosas para su bien y para que
pueda crecer en la fe”. (Romanos 15, 2-3)


Virginia Montoya nace en Santurce, Puerto Rico, un 20 de diciembre de 1941. Cursa estudios universitarios en la Universidad de Puerto Rico y luego en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, obteniendo el grado de maestría en Trabajo Social en el año 1972.

Nos recibió en su hogar con mucha amabilidad y sinceros deseos de compartir las respuestas que hacen posible nuestra entrevista.

Virginia ejerció la profesión de trabajo social hasta el año 2005, tiempo de servicio comprendido entre Estados Unidos y Puerto Rico. Al preguntarle qué le motivó a estudiar la profesión de trabajo social, nos dice que “…desde temprana edad sentí deseos de servir y ayudar a mi prójimo, en especial a las personas marginadas”. Recuerda con mucha emoción que su abuela siempre era caritativa con aquel que llegaba a la casa en busca de ayuda, les decía: “Nunca dejen ir de la casa a alguien que pida ayuda sin darle algo”. Los valores vividos en el hogar, la fe y el colaborar con el necesitado fueron su principal motivación.

Previo a sus estudios en trabajo social, Virginia realizó una maestría en Estudios Hispánicos. Siendo maestra de Humanidades tuvo la experiencia de que sus estudiantes la consultaban en busca de ayuda para enfrentar o solucionar diversas situaciones personales, ella los orientaba y les estimulaba a desarrollar sus talentos y capacidades. Sus estudiantes y el trabajo voluntario en la comunidad, para esa época en la ciudad de Nueva York, le permitieron descubrir que quería convertirse en una profesional de trabajo social.

Como trabajadora social en los Estados Unidos realiza servicios en agencias de rehabilitación, y posteriormente trabaja en un centro hospitalario por más de 15 años en el área de Psiquiatría Ambulatoria. Es para el año 1991 que regresa a Puerto Rico y continúa ejerciendo su profesión en el área de salud física y rehabilitación hasta acogerse al retiro en el año 2005.
¿Que tipo de ayuda usted ofreció a sus participantes en el área de salud física y mental? ¿Qué servicios brindó?, preguntamos.

“Realicé servicios en el área de trauma medular, en rehabilitación física para pacientes con amputaciones y en el área de intensivo, donde los pacientes están en condición delicada o etapa terminal. Las labores principales, entre otras, eran coordinar el proceso de alta de los pacientes y los servicios que requieren como equipo médico y servicios de medicina, así como la intervención con los familiares de éstos y visitar sus hogares para evaluar la residencia y determinar si se debían hacer arreglos a la estructura antes del alta”.

Quienes hemos podido conocer a nuestra entrevistada estamos conscientes de muchos de los valores que posee, entre ellos se encuentran: la fe, la tolerancia, la caridad, la bondad, la oración, el compromiso y el servicio.

De manera breve y precisa Virginia nos explica que “…la misión del trabajador social es ayudar al participante a ayudarse…” y aunque muchas veces el mismo sistema, entre otras cosas por la burocracia, obstaculiza esa labor, el trabajador social debe esforzarse por atender los mejores intereses de sus participantes, es decir su bienestar.

Por otra parte, Virginia recuerda con agrado y emoción que uno de los momentos más significativos para ella fue el trabajar en el área de intensivo porque le permitió acompañar a muchos pacientes en el paso de esta vida a la otra, “…pude orarles y ayudarles a orar para que murieran en paz y brindarle consuelo a los familiares”.

Al pensar en los retos que enfrentó mientras ejerció la profesión reconoce como uno de los principales, y con mucha probabilidad el mayor al que se enfrentan los trabajadores sociales que sirven en áreas de salud física y mental, la carencia de servicios y equipo médico en los hospitales porque les dificulta su trabajo y atenta directamente contra los participantes. Virginia, ¿cuál ha sido su mayor logro en el campo del trabajo social?

“Mi mayor logro ha sido haber entrado en el mundo de esa persona, ayudarle, haber sido un instrumento en su crecimiento personal, en pocas palabras, ayudarlo a ayudarse. Porque ha sido mi deseo siempre servir y porque es a esto a lo que Dios nos ha llamado a colaborar con los demás”.

El servicio al prójimo para Virginia ciertamente ha sido un llamado de Dios, lo que le ha permitido dar de sí a nuestra Iglesia en diferentes apostolados y ministerios. Hace cuatro años es Ministro Extraordinario de la Eucaristía, ministerio en el cual sirve con profundo amor y dedicación, pues le hace portadora del mismo Cristo. (“La Eucaristía significa y realiza la comunión de vida con Dios y la unidad del Pueblo de Dios.” CIC.1325)

Actualmente Virginia también es guía de los Talleres de Oración y Vida del Padre Ignacio Larrañaga, respondiendo así afirmativamente a un nuevo llamado que el Señor le ha hecho para bien del Pueblo de Dios.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Pueblo de Dios

“Cuando el amor se hace canción”

Este aspecto tan importante que nos compartieron y que nos brindó nuevos conocimientos creó en nosotros una nueva interrogante; ¿Creen que a nivel general los ministerios de música están conscientes de lo que nos han expuesto? Contundentemente Carlos nos dice: “A nivel general yo les diría que en un 80% no lo están. Yo hago una separación entre ministerios de música y coros porque lo debemos tener claro”. Al hablar de ministerios de música, nos explican, “hablamos de un grupo que tiene o busca la preparación necesaria que le exige la responsabilidad de ser una orden menor y de su participación dentro de la liturgia y cómo allí se desenvuelve ese grupo apostólico. Lo que esté fuera de esto es un coro o un grupo que canta”.

Para Carlos y Linés el desconocimiento y el que solo se tomen en cuenta las cualidades musicales son motivos suficientes por lo cual muchos grupos de música se hacen llamar ministerios, razón por la que insisten en la importancia que tienen la vivencia de los valores del Evangelio y la formación. Ante esto último nos informan que, por ejemplo, el ministerio de música de Aguas Buenas ofrece anualmente unos retiros dirigidos a ministerios de música enfocados en la preparación de todo lo que tiene que ver con la música dentro de la liturgia. “El ministro de música debe estar consciente de que está llamado a ayudar al pueblo a alabar a Dios, no estamos llamados a hacer un “show” dentro de la celebración eucarística”.

Según nos explican, el ministro motiva a que se dé esa alabanza a través de los cánticos, que deben estar elegidos de manera que vayan cónsonos con la liturgia y en los cuales se respeten los espacios de tiempo y silencio. De igual forma nos aclaran que aquellas oraciones a las cuales se les pueden poner música, como son el Aleluya, el Santo o el Señor, ten piedad, tienen que estar exactamente con las palabras que están en el Misal. Agregan también que “el ministro de música bien formado puede ayudar al sacerdote grandemente a realizar esa liturgia para que la vivamos de la mejor manera. “La comunión es Cristocéntrica, Jesucristo es el eje central. Nuestra misión, volvemos a indicar, es ayudar a que se vaya dando ese ambiente propicio para que cuando llegue el momento de recibir a Jesús en la comunión, el pueblo fiel, como dice San Pablo, en discernimiento sepa y haya elegido recibir a Cristo”.

El ministerio de música que forman Carlos y Linés junto a dos hermanas de ella y un amigo, responde al nombre de Kénosis. Según nos explican, es una palabra griega que significa “el morir para vivir”. “La desintegración de la semilla en la tierra para que pueda germinar y salga la planta; es lo que hizo Jesús en la cruz, Él muere y resucita y nos da la vida. Eso es kénosis y es lo que queremos ser nosotros”.

lunes, 28 de julio de 2008

Pueblo de Dios, "Vocación con aroma a café"

“Podrán sacar al jíbaro del campo, pero no al campo del jíbaro”, con esta frase en la que cita un comentario que le hiciera Fray Alberto Figueroa (Ex - Viceprovincial de la Orden de Hermanos Menores Capuchinos en Puerto Rico), Fray José Fernando Irizarry Santana (Ahora Consejero Vice- Provincial) nos comparte una característica propia de su personalidad. “Ser jíbaro es mi identidad. Soy puertorriqueño, jíbaro, campesino, católico, capuchino”, añade con una amplia sonrisa.

Fray Fernando, como generalmente es llamado, nace un 12 de noviembre de 1973 en el seno de una familia campesina y católica del pueblo de Adjuntas. Es el menor de cuatro hermanos: dos varones y dos hembras. Sus estudios primarios y secundarios los realiza en su pueblo natal, donde también junto a su padre, don Marcos, aprende a amar y a trabajar la tierra, especialmente en el cultivo de café. “Trabajar la tierra, para mí es un privilegio”, nos asegura. Para Fray Fernando el trabajo es una bendición, le gusta estar ocupado, invertir sus energías en actividades útiles y productivas.

¿Qué cosas disfruta fray Fernando? “Hay tres cosas que disfruto mucho: el contacto con la naturaleza, compartir con las personas que quiero y conozco y tomar tiempo para mí solo; para estar conmigo mismo.” ¿Podrías hablarnos de tu vocación? ¿Cómo defines la vocación? “La vocación es un diálogo”, nos responde mirándonos fijamente a los ojos y provocando en nosotros gran interés de que nos abunde. “Es un diálogo personal, íntimo, que continuamente voy teniendo con mi creador.” Aunque tradicionalmente la vocación se define como “llamada”, Fray Fernando nos comenta: “Dios llama, pero no tomamos conciencia de la vocación hasta que no comienza ese diálogo.” ¿Pasamos todos por “ese diálogo” ? “Sí, porque lo inicia Dios cuando nos ha creado a Su imagen y semejanza.” ¿Cómo descubriste tu vocación? “La vocación no es algo que llega en un momento particular y ya. Tampoco es una imposición arbitraria de Dios... Sino que es producto de un proceso de discernimiento que se va dando durante el desarrollo de la persona en la medida que se va tomando conciencia de uno mismo y de los demás; cuando uno va viendo la realidad de la sociedad y va conociendo las necesidades del mundo y de la Iglesia. La vocación es dinámica y continua.”

Este sacerdote, quien desde su etapa de formación hasta el presente lleva unos catorce años en la Orden, reconoce que durante este tiempo han sido innumerables las experiencias vividas que han influenciado en su personalidad. Le cuestionamos sobre qué ha sido lo más difícil de vivir en su vocación a lo que respondió: “Al principio de mi proceso de formación fue el estar lejos de mi familia y estar dentro de una estructura, no tanto en lo físico sino en lo que respecta a estar regido por un itinerario y horario específico.” ¿Y hoy en día? “Todavía esto de los horarios, y dentro de la convivencia fraterna el tener que asumir funciones propias de mi posición de superior de la fraternidad sobre hermanos con diferentes puntos de vista, y en algunos casos hasta mayores que yo en edad.”

Para nuestro amigo, según nos comenta, es mucho más lo bueno y las experiencias gratificantes. Ejemplo de ello es el enriquecimiento personal que ha ido experimentando gracias al contacto con la gente, el amor que recibe y que puede brindar desde su vocación. “Algo sumamente gratificante para mí ha sido: descubrir que puedo vivir el don de la paternidad desde mi realidad como religioso sin la necesidad de tener mis propios hijos biológicos.” “Poder acompañar espiritualmente a una persona en su proceso de vida, en muchas ocasiones en las que me ven como a un padre, me llena de muchas satisfacciones.”

¿Existe algún personaje bíblico con el cual te identificas? “Hay un personaje bíblico con el que desde niño me he identificado; y es con San Pedro: ¡ que abre la boca y mete la pata!” “El es bueno y espontáneo; lo que siente se lo dice a Jesús tal cual, porque es genuino. Yo, a veces, me encuentro que soy así.” “San Pedro quedó fascinado con la figura de Jesús y lo siguió, porque lo que verdaderamente le movió fue el auténtico amor.”

Precisamente, el auténtico amor motiva a fray Fernando a vivir en comunidad, a encontrarse con sus hermanos capuchinos y compartir con ellos la vida. ¿Qué hacen juntos? “Oramos juntos, por supuesto; comemos juntos. Muchas veces nos recreamos juntos ya sea dentro o fuera de la fraternidad y compartimos algunos trabajos también.” Actualmente, él ocupa el puesto de “guardián” en la Fraternidad Santa Teresita del Niño Jesús; es decir, el superior de la casa en los asuntos administrativos.

Este incansable obrero de la viña del Señor también está a cargo de la primera etapa de formación dentro de la Orden, conocida como: Postulantado. Dentro de las funciones propias de su ministerio sacerdotal brinda colaboración en la Parroquia Santos Ángeles Custodios en Yabucoa. También ofrece los jueves un curso bíblico en Ponce. Y brinda acompañamiento en el proceso educativo y espiritual de los profesores y estudiantes del Colegio Santa Teresita del Niño Jesús en esta misma ciudad.

Algunos de sus planes futuros son prepararse para el próximo Capítulo General de la Orden a realizarse en el mes de febrero de 2008. Y presentar algunas propuestas para la Pastoral Juvenil de Ponce. Ante los posibles “cambios” que genere el Capítulo, nos asegura con mucha tranquilidad: “Pueden suceder. Yo siempre estoy disponible para colaborar en todas las necesidades que surjan, para ir allí donde el Señor me llame.”

Así es nuestro gran amigo, Fray Fernando: servicial, humilde, auténtico; un hijo de esta tierra, que deseó ser agricultor para dedicarse a sembrarla como su padre. Pero que con genuino amor, al igual que San Pedro, quien dejó sus “redes”, quedó fascinado por la figura de Jesús, y dejando “pico y azada” le siguió, para ser sembrador de la Buena Nueva en el corazón del Santo Pueblo de Dios.

Mapa Nueva Librería Paulinas en Avenida Roosevelt 174

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